Blas Jesús Muñoz

‘Las hermandades y cofradías como cauce del compromiso del fiel laico. Un análisis del Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia a través de la Hermandad del Vía Crucis’. Este es el título del Trabajo de Fin de Máster de Antonio Castilla Luque.
Hermano del Vía Crucis, en el estudio de este profesor de Religión (licenciado en Catequética) se ahonda en numerosos e interesantes aspectos de las hermandades, tomando como base la realidad de la corporación del Lunes Santo. De ahí que en la siguiente entrevista se profundice en los mismos, desde la estética del silencio hasta el arqueologismo estético, la reflexión de Castilla va mucho más allá de lo acostumbrado. No se lo pierdan.
¿Cómo surge la idea del TFM? Y, en concreto, del Compendio de la DSI a través de la Hermandad del Vía Crucis.
– Todo surge al darme cuenta de que siempre estudiamos nuestras hermandades por la superficie. En Andalucía estamos muy acostumbrados a analizar la religiosidad popular desde la historia del arte, la antropología o la pura sociología de masas. Pero casi nadie se pregunta qué pasa por dentro, en el alma de estas corporaciones. Nos dejamos atrás su verdadera profundidad eclesial.
La elección de la Hermandad del Vía Crucis, de la que además soy hermano, nace de una paradoja que siempre me ha fascinado. ¿Cómo es posible que una cofradía que huye de la opulencia, que apuesta por un silencio absoluto y por despojarse de cualquier adorno barroco, sea a la vez un motor de transformación social tan tremendo?
Con este trabajo quería demostrar justamente eso: que el silencio no es una vía de escape para aislarse del mundo. Al contrario. Cuando se mira a través de la Doctrina Social de la Iglesia, ese silencio se convierte en una escuela de compromiso. Te remueve por dentro y te prepara para salir a la calle a ser un ciudadano mucho más coherente, ético y activo en la vida pública.
Señala que el estudio de la religiosidad popular en Andalucía ha estado dominado tradicionalmente por aproximaciones de corte macro-sociológico, antropológico o puramente histórico-artístico ¿Qué echaba en falta?
– Echaba en falta que nos las tomáramos en serio como lo que son: instituciones de Iglesia que transforman la sociedad. Casi siempre las tratamos como si fueran museos vivientes que solo abren una vez al año, o simple folclore de primavera. Se pasa por alto su capacidad real para tejer comunidad, para sostener a los barrios y para educar a los laicos en la responsabilidad social.
Me faltaba una mirada que demostrase que la piedad popular tiene una dimensión política enorme, pero política con mayúsculas, de la buena. Esa que consiste en remangarse y transformar el mundo que nos rodea desde los valores del Evangelio, sin quedarse en la superficie de la fiesta.
Lumen Gentium, Christifideles Laici y Evangelii Gaudium son algunos de los textos que aparecen en su trabajo ¿Cómo se relacionan con el ámbito de las hermandades?
– Estos tres textos son la hoja de ruta para entender qué hace un cofrade en el mundo de hoy. No son teoría lejana; bajan directos a la tierra:
- Lumen Gentium: Le dice al laico que no es un cristiano de segunda. Nos recuerda la “índole secular” del laico. Su misión no es meterse en un convento, sino ordenar el mundo, el trabajo, la economía, la familia, según Dios. En el Vía Crucis, los hermanos no son monjes; son profesores, autónomos, ebanistas o médicos. La cofradía es el lugar donde cargan las pilas para luego santificar su día a día en Córdoba.
- Christifideles Laici: San Juan Pablo II dio en el clavo al denunciar esa ruptura tan común entre lo que creemos y lo que hacemos. Es el antídoto contra el «cofrade de fachada», ese que se emociona el Lunes Santo pero luego en su empresa explota a sus trabajadores o no es íntegro en su vida diaria. La disciplina del silencio de nuestra hermandad te obliga a mirarte por dentro y te exige coherencia: si caminas descalzo en la procesión, tienes que ser un ciudadano intachable al día siguiente.
- Evangelii Gaudium: El Papa Francisco recupera la piedad popular como una fuerza arrolladora para evangelizar. Y el Vía Crucis demuestra que esto no se hace solo con discursos o ruido. El silencio rotundo recorriendo la judería cordobesa es un aldabonazo en la conciencia de una sociedad saturada de consumo y ruido. Es pura contemplación en mitad de la calle.
¿En qué consiste la ‘estética del silencio´?
– La estética del silencio no es una decisión de diseño para que la cofradía quede «bonita» o «solemne» en la calle. Es un acto de rebeldía cultural.
Hablamos de salir sin música, con las calles a oscuras, iluminados solo por la cera tiniebla, vistiendo túnicas negras y sencillas, y guardando un silencio estricto durante horas. En un mundo hiperconectado, donde nos bombardean con ruido e impactos visuales a cada segundo para que consumamos sin pensar, pararse y callar es casi un milagro. Ese vacío que genera el Vía Crucis en la calle obliga a la gente a mirarse por dentro. Te planta cara y te hace preguntarte por el dolor, por la muerte y por el sentido que le estás dando a tu vida.
Alude al punto 543 del Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia y a la autonomía de las cofradías con el rasgo de la madurez de estas. Pero ¿a quienes defienden que son independientes, qué les diría?
– Les diría que están patinando y que confunden la “autonomía” con la “independencia total”. El Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia, en su punto 543, deja claro que las cofradías tienen una «legítima autonomía». Esto significa que los laicos no tienen que estar esperando a que el cura les diga cómo gestionar el dinero, qué recorrido hacer o cómo organizar la junta de gobierno. Hay una madurez de gestión que nos corresponde a nosotros.
Pero ojo, esta autonomía no rompe la comunión eclesial; al contrario, la presupone. Una cofradía no es un club social de amigos ni una asociación cultural privada. Nace en el seno de la Iglesia y su misión es la de la Iglesia. Por eso la figura del Consiliario es tan importante; no está para mandar, sino para acompañar y vigilar que no perdamos el norte doctrinal. Quien quiera ser totalmente independiente, lo que quiere es otra cosa, no una hermandad.