
Blas Jesús Muñoz
Hubo un tiempo (no tan lejano, aunque ahora lo parezca) en el que quienes iban (íbamos) a Sevilla sufrían una suerte de muerte civil, o en este caso cofrade, de la turba cordobita, o de la cordobesía pura que decía un amigo.
Aquella sensación de traición cainita a la patria chica se fue diluyendo, quizá por efecto de la globalización, quizá porque a quienes emigraban en Semana Santa y Vísperas poco les importaba lo que dijeran los paisanos.
De hecho, la naturalidad con que ahora se mira hacia otras semanas semanas, Híspalis incluida, se agradece aunque los guardianes de la esencia cañí no acaban de dejarse imbuir por el incienso -global y cofrade-, como aquellos que destacando las bondades de la globalización, eso sí, recelan del globalismo.
Se lamentaba un famoso capataz de que de Sevilla se copia lo malo. Y yo les añadiría que se obvia, en demasiadas ocasiones, lo importable. Como sucede por ejemplo con la presentación de los estrenos de las cofradías que cada Cuaresma se hace en la capital andaluza.
Se expone el patrimonio que llega como preludio a los días en que lucirá con brillo por vez primera y cuando el cofrade ya se pega bocados en los nudillos porque llegue la procesión. Todo son ganas, vísperas e ilusión y, en ese contexto, los estrenos apetecen más que una torrija con helado de turrón.
En el otro extremo está Córdoba, donde nunca ha cuajado esa iniciativa y todo se presenta como en los reinos de taifas (haciendo gala tal vez de nuestra historia), cada uno por su lado. Y, cuando al fin se decide hacer algo conjunto, la Agrupación de Cofradías sorprende -y no- con una exposición de estrenos ya estrenados.
Digo que no sorprende, porque lo primero que se hace en la comunicación que se ha enviado a las hermandades es decir que ha surgido por iniciativa de otras cofradías. Un “yo no he sido” de manual, “pa’ por si”.
Pero yendo a la idea, presentar en una feria cofrade -que se celebra en otoño y en el límite urbano de la capital- con los estrenos de la pasada Semana Santa es como un remake cofrade de ‘Sé lo que hicisteis el último verano’. Será como si un equipo de fútbol presenta a cualquiera de sus fichajes veraniegos en diciembre, con catorce jornadas de liga disputadas.
Pues para darse cuenta de eso no hay que ir a Sevilla, ni suspirar por lo que no se importa de allí. Con un poco de sentido común bastaría.