
Jesús A. Riaño
León XIV nos pedía orar por “el cuidado del agua” en este mes de septiembre. Una oración bellísima llena de simbolismo, realidad, llamada y necesidad. El agua, más allá de ser el líquido que conforma la unión de dos átomos esenciales como son el hidrógeno y el oxígeno, es un elemento capaz de dar vida cuando creemos que ya no hay. El otro día vi por esto de las redes, cómo un buey, en una finca más al norte de Andalucía, era casi devuelto a la vida con tragos de agua, tras permanecer enredado en un pajar varias horas. Estaba exhausto, jadeando, sin fuerzas para ponerse de pie. El ganadero, en su empeño por devolverlo a la normalidad, le daba agua con una garrafa, a lo que el enorme toro respondía con movimientos como de agradecimiento con su boca y lengua. El final lo pude intuir muy feliz, seguro. Qué importancia de dar agua a quien lo necesita, ¿verdad?
Y es que, continuando con la oración del sumo pontífice, éste la califica como don, un regalo de la naturaleza, un regalo de Dios, que sin él, todos sabemos que no podríamos vivir, como el buey. Este don, esta Gracia de Dios, que nosotros no le damos importancia, por tenerla a un simple golpe de grifo, no siempre está bien repartida, ni accesible para muchos como tú o como yo que viven en otros lugares del mundo. Que corra el agua por un tubo de hierro y podamos desde beber a lavarnos, está considerado en muchos lugares, como un auténtico milagro, y sin embargo nosotros en esta sociedad, apenas caemos en su importancia, salvo por duras sequías o fuertes catástrofes meteorológicas.
Por todo lo anterior, y buscando el hilo de mi artículo, se me da la diosidad de leer una noticia en la cual la hermandad de la Sentencia pretende conmemorar el cincuentenario de su Titular Gracia y Amparo entre otros, con una acción de gracias a los más desfavorecidos, y llevar agua a lo más profundo de la amazonia peruana. Un proyecto que en línea con la oración del Papa, pretende impregnar de vida en aquella zona donde cuesta sobrevivir. Todo esto está enfundado en un maravilloso proyecto, el cual hace partícipe a hermanos y cofrades, con diferentes iniciativas de recaudación.
Y es que, de todos es sabido, que un pilar fundamental de una hermandad debe ser su obra social y la ayuda a los más necesitados, y en este caso, la hermandad de San Nicolás, define a la perfección este principio.
Sin embargo, me ha costado encontrar la noticia, he tenido que rebuscar un poco, y esto me duele, y con ello lanzo la siguiente reflexión, a la cual estamos todos invitados a defenderla:
hay que reivindicar a los cuatro vientos estos proyectos que nuestras hermandades lanzan con tantísimo esfuerzo y preparación, pues además de ser espejo ante nuestra sociedad, hacen un bien social y a veces como en este caso, vital. Hay que hacer partícipes no sólo a los hermanos de nuestra hermandad, sino también al resto de vecinos, familiares o amigos, que aunque no comulguen con esto de las hermandades, estoy seguro que donarían su granito de arena por ello. ¿Quién no sería capaz de ayudar a llevar agua a un poblado que no saben lo que es el agua potable? Nadie, os lo aseguro.
Estas campañas de solidaridad, son muestras divinas de nuestras corporaciones. En este proyecto reside Jesús, ahí reside Dios y toda su grandeza. Este tipo de actos une a los hermanos y lanzan un mensaje evangelizador a la sociedad, la cual debe reconocer la bondad y grandiosidad de dicho proyecto. Por mi parte, mi más sincera enhorabuena a la Hermandad de la Sentencia de Córdoba.
“Haz que nuestro cuidado del agua
sea signo de amor al Creador
y compromiso con la vida de los más pobres,
educando nuevas generaciones que valoren
y protejan los recursos de la Tierra. Amén.”
Papa León XIV.
Por el cuidado del agua. (Oración completa)
Señor de la Vida,
Tú nos diste el don del agua,
fuente de fecundidad, frescura y esperanza.
Ella calma la sed, fecunda la tierra y limpia las heridas.
Te damos gracias porque también
ella es símbolo de tu gracia y de tu amor
que nos renueva por medio del Bautismo.
Hoy te pedimos que nos enseñes a custodiarla
con gratitud, justicia y responsabilidad.
Te pedimos perdón por haberla convertido en mercancía,
olvidando que es un regalo universal,
un derecho sin fronteras, destinado a todos tus hijos.
Vemos con dolor a tantos hermanos y hermanas
que no tienen agua limpia,
que caminan kilómetros para encontrarla,
que enferman por su escasez.
Que tu Espíritu nos transforme en peregrinos de lo esencial,
capaces de vivir con sobriedad,
denunciando el derroche y la contaminación,
defendiendo el derecho de cada hermano y hermana
a beber sin miedo, sin desigualdad.
Haz que nuestro cuidado del agua
sea signo de amor al Creador
y compromiso con la vida de los más pobres,
educando nuevas generaciones que valoren
y protejan los recursos de la Tierra.
Amén.
Papa León XIV, septiembre de 2026.