Blas Jesús Muñoz

Foto: Banda La Estrella de Córdoba
Las bandas son una moneda de dos caras: los puristas se quejan a menudo de que cobran demasiado protagonismo en el mundo de las cofradías actual; mientras que un buen número de cofrades valoran el servicio social que prestan.
A nadie escapa que los primeros llevan su parte de razón con su queja, pero ese protagonismo no es muy diferente del que tienen capataces, costaleros y algún que otro hermano mayor.
Los segundos la llevan casi toda, pues hay un sinfín de chavales que no solo aprenden música, sino que no están (durante unos pocos días a la semana) ni tirados en la calle ni frente a una pantalla.
En los ensayos se aprende y se socializa. Algo que en la sociedad actual es un regalo. Un presente por el que las bandas no cobran a sus miembros y que se buscan la vida con contratos en Semana Santa, en Glorias y en extraordinarias.
En la mayor parte de los casos da para subsistir, de ahí que haya que dar las gracias a iniciativas como las que dieron lugar a la Unión de Bandas de Córdoba (que canaliza y consigue unas ayudas imprescindibles para las formaciones de la capital), o como las ayudas que otorga la Diputación que, además de ser un buen empujón, tienen el valor simbólico del reconocimiento de una labor.
Un trabajo, el de las bandas, que es su mejor aval y es patrimonio de Córdoba y su provincia. Y el mejor de todos porque es cultura, algo de lo que no están en condiciones de presumir en otros ámbitos de la sociedad.