Jesús A. Riaño Sánchez

Hoy comienza la andadura de esta columna en este proyecto tan ilusionante como es Efecto Cofrade. Surgió mi colaboración, y no podía decir que no. Pero antes de nada me gustaría presentarme. Mi nombre es Jesús Antonio Riaño Sánchez, militar de carrera, casado y padre de dos hijos. Nací en la Hué (Huerta de la Reina, Córdoba), y por ello, mis primeros 25 años de vida los disfruté en este barrio humilde y donde aprendí junto a los míos, lo que hoy muestro. Aunque en mi niñez y adolescencia fui hermano de la Hermandad del Prendimiento por el colegio Salesianos donde estudió mi hermano de sangre, a los años, me hice por proximidad, hermano de la Hermandad de la Estrella de Córdoba, en el que llevo casi 30 años de hermano y espero que muchos más. Sin embargo, como podéis comprobar, el mundo de hermandades me viene casi de cuna, pero estoy en un momento de mi vida, rozando el medio siglo, en el que este tema de cofradías ha pasado a un tercer plano en mi día a día. Esto, se lo expliqué a mi amigo Blas, <<quizás yo no era el más indicado para escribir cuatro letras>>, pero viéndole la ilusión con la que me hablaba de Efecto Cofrade, no podía decir que no.
Desde hace unos años, mi vida familiar ha dado un vuelco en cuanto a nuestra relación de Iglesia y Comunidad. Y para bien. Por lo que el tema de hermandad y cofradía, que antes ocupaba cierto tiempo de mi día a día, ahora, porque así tocaba, no tanto. Y he aquí la intención de este rincón del Fiscal de Horas, que no es otra que vivir más de la Iglesia en su relación con las hermandades, hablar de Iglesia, poner ejemplos de hermanos, reflexionar sobre el evangelio del día, o el de algún día de la semana, ver la similitud entre hermano de una hermandad y discípulo de Jesús, … en definitiva, despertar, o al menos intentarlo, el corazón de todos aquellos que se denominan cofrades, pero que para mí son con k, de Kofrades.
Sí, hay mucho tajo por el que andar, y aunque desde la Diócesis de Córdoba se están dando pasos, yo creo que muy certeros para unir aún más Iglesia-Cofradía, dudo mucho que ello cale en una mayoría, que desde mi punto de vista, le haría muy bien. Si consigo desde la seriedad del cumplimiento de un horario en un cortejo procesional por parte de un hermano, el Fiscal de Horas, remover esa “caja de ratones” en alguno, me sentiré satisfecho. He de decir, que llamar a la columna El Fiscal de Horas, lleva también un sentido medio sarcástico, gracioso, pues de todos es sabido que al pobre designado para tan valiente función, casi nunca le hacen caso, sobre todo a la hora de darle paso a la trasera sonando la marcha donde el lucirte es de obligado cumplimiento. Así me veo yo en esta columna, valiente, pero consciente que algunos me leerán y casi ninguno mejorará su estado católico practicante. Pero, lo intentaré. Lo intentaré de una forma cercana y a ser posible, comprensible, que es también importante.
Y os doy una pista,
“…el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá. Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente.”
Juan 11, 25-26
Y añado de mi humilde cosecha pero desde la experiencia,
“Si quieres ser feliz, tú y los tuyos, ponlo a Él en medio, pero de verdad.”
Os espero en la siguiente esquina para ver cómo se comporta el El Fiscal de Horas…