
Blas Jesús Muñoz
La procesión de la Fuensanta supone una especie de apertura oficiosa del curso. A partir de ahora saldrán muchas Glorias a las calles de Córdoba, ya sea en procesión o en rosario. Y, de camino, comenzará la hilera de actos de toda índole y condición.
Este año, a diferencia del anterior, no espera una magna en horizonte. Tampoco aguarda a la Agrupación un cambio de estatutos, pero sí el inicio -o la continuación- de un proceso de reforma de la Semana Santa, que tendrá en la Hermandad del Nazareno su centro de atención o el primer test del banco de pruebas de la Madrugada.
Tanto es así que en Cardenal González, el vocal de Procesión atendió a un medio (PTV Córdoba) mientras dirigía el cortejo de la patrona para hablar, precisamente, del Nazareno.
Pero más de un cofrade y más de dos tenía su mirada puesta en el capataz. Y no para evaluarlo, sino porque Federico Jiménez llegaba a su turno al frente de la Fuensanta tras un verano movido, en el que la Hermandad del Huerto ha prescindido de él al frente del misterio para designar como capataz al mismo que llevaba -o lleva- a Jiménez en su equipo. Hablamos de Curro.
Aunque más allá de eso, lo que quedó claro es que ponerse al frente de la patrona siempre es un reconocimiento y el homenaje a muchos años de trayectoria en el mundo de los martillos.
El buen hacer y la bondad que siempre ha desprendido Fede merecía este colofón, aunque de él seguiremos disfrutando -junto a Fernando Chiachío- en Villaviciosa.
Los homenajes hay que darlos en vida y en plenitud y, pese a los comunicados y las decisiones, si alguien merecía este año dirigir a la cuadrilla de la Fuensanta era Fede. Y lo mejor es que se decidió antes de los comunicados, lo que le da más valor, aunque no tanto como el que puso el capataz este lunes, que dio una lección de elegancia como pocas se han visto.