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Un trabajo de fin de máster puede llegar a crear un paradigma, incluso, para las cofradías. Este es el caso del titulado ‘Las hermandades y cofradías como cauce del compromiso del fiel laico. Un análisis del Compendio de la Doctrina Social de la Iglesia a través de la Hermandad del Vía Crucis’.
Realizado por Antonio Castilla, quien pertenece a la nómina de hermanos de la corporación del Lunes San, en el mismo se recogen varios e interesantes conceptos.
Uno de ellos es el de la ‘estética del silencio’, sobre el que reflexionó en la entrevista concedida a Efecto Cofrade y explicó que “la estética del silencio no es una decisión de diseño para que la cofradía quede «bonita» o ‘solemne’ en la calle. Es un acto de rebeldía cultural”.
Efecto Cofrade – ¿Cómo es posible que una cofradía que huye de la opulencia…?
“Hablamos de salir sin música, con las calles a oscuras, iluminados solo por la cera tiniebla, vistiendo túnicas negras y sencillas, y guardando un silencio estricto durante horas”, recordó Castilla.
Lo que le llevó a afirmar que, “en un mundo hiperconectado, donde nos bombardean con ruido e impactos visuales a cada segundo para que consumamos sin pensar, pararse y callar es casi un milagro”. Y, precisamente, “ese vacío que genera el Vía Crucis en la calle obliga a la gente a mirarse por dentro. Te planta cara y te hace preguntarte por el dolor, por la muerte y por el sentido que le estás dando a tu vida”.
