Pepe Soler
Cabra volvió a madrugar este domingo para despedir a su Patrona. Desde primera hora, numerosos fieles llenaron la parroquia para acompañar a la Virgen de la Sierra en su regreso al santuario, después de un mes intenso, lleno de celebraciones, encuentros y devoción.

La ciudad permaneció despierta durante la madrugada. Nadie quería perderse ese momento tan especial en el que la Virgen abandona las calles egabrenses para volver a su casa en la sierra. A su paso por la Plaza Vieja y por los distintos rincones de Cabra, fueron muchos los vecinos que se sumaron al cortejo y la despidieron con cariño.
Tras la misa y el canto de la salve, la Virgen emprendió el camino acompañada por sus costaleros y por cientos de peregrinos. El recorrido, especialmente exigente en algunos tramos, volvió a convertirse en una muestra de esfuerzo compartido y de profunda unión.
Hombres y mujeres se turnaron para llevar sobre sus hombros a la Divina Serrana. Otros ayudaron con los cordeles, ofrecieron agua y fruta o simplemente caminaron junto a ella. Padres, hijos, amigos, mayores y jóvenes formaron una gran familia alrededor de la Patrona, ayudándose unos a otros para superar las cuestas del camino.
Entre encinas y chaparros, la romería avanzó entre cantos, vivas, cansancio y emoción. Cada parada sirvió para recuperar fuerzas y continuar juntos hacia el santuario, donde la Hermandad de San Rodrigo Mártir volvió a cuidar de los peregrinos con generosidad.
Finalmente, la Virgen de la Sierra entró en su santuario entre aplausos y lágrimas de emoción. Allí permanecerá durante todo el año, presidiendo desde su altar la vida de Cabra y esperando el reencuentro con sus hijos el próximo septiembre.




Imágenes: Real Archicofradía Virgen de la Sierra
La ciudad retoma poco a poco su ritmo habitual, pero en el corazón de los egabrenses queda el recuerdo de una despedida vivida con fe, cariño y esperanza. La Virgen ya está en casa.