Durante los últimos meses, Salva Giménez me viene diciendo que lo de la SGAE iba a llegar: ya saben cobrar por tocar música procesional. No es que mi querido tertuliano sea un oráculo, solo que sabe de esto y sabe observar los detalles, que no es precisamente poco.
Es el ojo periodístico que no consiste en otra cosa que saber buscar la información, analizarla y deducir ¿Les parece sencillo? Pues a la vista de innumerables ejemplos, lo que hace Salva parece raro.
No diría que exótico, eso puede parecer lo de la SGAE a las mentes cándidas que se cuestionen cómo se le puede cobrar a las bandas o a las cofradías, si son entidades sin ánimo de lucro.
Pero la realidad es más tozuda que el caudal de impuestos (entre directos e indirectos), tasas y cánones que pagamos por prácticamente todo. Lo tienen hasta los ordenadores, porque el impositor (el que pone los impuestos, no sean mal pensados) parte del principio de culpabilidad y de que nos vamos a descargar música a cascoporro, de manera ilegal, furtiva y clandestina, como aquel que ve películas prohibidas.
Pagamos por todo y ahora va a tocar a las hermandades, o a las bandas hacerlo por no sé sabe más que derechos de autor y un 7%. De momento todo son dusas. Las mismas que puede tener algún que otro compositor por si, en uno de los supuestos, se cobra por marcha y las suyas dejan de tocarse y se opta por las que salen gratuitas.
Aunque la preocupación va por barrios y si les toca a las cofradías incrementar un 7% el presupuesto para cada banda la cosa puede flaquear. Y para las bandas si tienen que renunciar a un 7%. Porque el reparto de los derechos de autor es un misterio como los que presenta cada domingo Iker Jiménez o como los de la fe, insondable.