Buena noches, querido amigo. Te confieso que estaba apunto de acostarme. Me había comido algunos frutos secos, como aquellos que compartíamos en el centro parroquial ¿Te acuerdas? Seguro que sí.
Me encendí un cigarro y, con la lumbre en mitad de esta noche extraña me volví a acordar de ti. Supongo que, dónde estás eso no es nada importante, pero sé que sabe que me acuerdo mucho de ti. Te echo de menos casi todos los días y se me escapa una media sonrisa de esas que esconden una satisfacción tan infinita como la pena de no tenerte cerca.
Entre calada y calada recordaba un sinfín de anécdotas, de risas, ironías alguna pequeña maldad. Aquella sonrisa de niño malo con la que siempre me sentí muy identificado. Y pensé que se me quedó lo más importante por decirte, que acatar los prejuicios de los demás y hacerlos propios es el mayor error que he cometido en mi vida. Y te lo dice alguien que no para de tomar malas decisiones.
Tú conseguiste desbaratar ese cliché y me diste -me regalaste- la oportunidad de mirar a los demás de otra manera, aunque si no cumplen los estándares ahora soy mucho más cruel.

También he aprendido a llevar las manos vacías, a no esperar nada y a dejar que todo fluya con la naturalidad que tienen las cosas, aunque no las queramos ver.
Luego me vino el recuerdo de unas guitarras, cierto día de la Semana Santa y tu cara y la de Asunción cuando te lo conté. Eso nos dio para muchas bromas y aun me río con el recuerdo, yo que me río cada vez menos.
Pensaba en todo eso y, aunque hoy no se cumple nada que yo sepa, me sentí en la obligación de sentarme una vez más delante del ordenador y escribirte, aunque este mensaje no vaya en ninguna botella, nu surque el océano y, mucho menos, llegue al cielo.
Pero te echo mucho de menos, más conforme pasa el tiempo y te lo quería decir. Ahora que las propuestas de carrera oficial se parecen a la tuya, las cofradías parecen mucho más un juego y jugaríamos en tertulias eternas.
Pronto brindaré por ti, aunque sea solo y si algún amigo más se quiere unir será bienvenido. Ya te lo he dicho, te echo mucho de menos, Rafael. Pero algún día volveremos a sacar esa media sonrisa, eso no lo dudo.