Esperanza de La Rambla. Foto. Juan B. García
La cofradía regaló una de esas procesiones que van más allá de la efemérice, que no era nada más y nada menos que un centenario
Hay devociones que se sostienen en el tiempo y que obran el milagro por encima de él, para tonarse atemporales, en algo que siempre estuvo ahí como un presente infinito.
Y eso sucede, por ejemplo, en La Rambla. Tierra de grandes devociones, de Expiración y Nazareno de Juan de Mesa, de siglos y plegarias, y también de Esperanza. La que encarna Nuestra Señora, la misma que este sábado recorrió las calles de la localidad para inundar de fe los corazones, y ser el ancla de un pueblo que deposita en ella la expectativa del futuro.
La cofradía regaló una de esas extraordinarias que van más allá de la efeméride, que no era nada más y nada menos que un centenario. Y lo hizo para actualizar el fervor de sus hermanos, fieles y devotos, propios y extraños, en una suerte de día histórico, místico, inolvidable.
Desde las agrupaciones musicales del Santísimo Cristo de la Expiración y de Nuestro Padre Jesús Nazareno de La Rambla abriendo el cortejo, hasta el exquisito repertorio de Amueci tras la Virgen de la Esperanza, todo fueron instantes para el recuerdo, para llenar de estampas las retinas hasta completar el camino que lleve a otro centenario.
Desde la Iglesia de Nuestra Señora de la Asunción, la Plaza Hermanas Mercedarias, Jesús, Labradores, Barriollano, Empedrada y Fernán Gómez,; hasta Robadanes, Cruz Verde, Juan Illescas, Juan Miró, Paseo de la Cultura, Pedro Salinas, Montilla, Consolación, Llano del Convento, Trinidad, Llano de la Estrella, Valenzuela, Paseo de España (Arriba), Jesús y Plaza Hermanas Mercedarias; todo resultó una suerte de amor derramado por cada enclave de la localidad de la Campiña transitado por la Esperanza.
Las salidas extraordinarias sirven para ello, para ser misión, evangelización, Iglesia en salida y peregrina, para demostrar que hay devociones que se sostienen en el tiempo y que obran el milagro por encima de él, para tonarse atemporales, en algo que siempre estuvo ahí como un presente infinito, como la Virgen de la Esperanza.





