Virgen del Amparo. Foto: EC
La llegada de noviembre, en Córdoba, es sinónimo de la llegada de una de las Glorias con más elegancia de la ciudad, la Virgen del Amparo y una procesión que deja siempre una colección sensaciones inmejorables para el cofrade que la disfruta.
Y la de este domingo no fue una excepción. Así, desde la salida de San Francisco ya se pudo paladear el estilo cuidado en cada orden del capataz, Curro, que crea una atmósfera distinta en torno al paso de la Virgen del Amparo.
Ello con una cuadrilla que crea un binomio que roza lo perfecto con el cuidado -casi fúnebre- y magníficamente ejecutado por la Banda de Música Tubamirum de Cañete de las Torres.
Vueltas donde el paso pareció detener -por una fracción- el tiempo y que transporta -a fieles y devotos- a otro espacio diferente, donde la ciudad se mira a través de su historia, tradición y fe.
Desde el Compás de San Francisco al Potro, pasando por San Pedro, Escultor Juan de Mesa, Plaza de la Almagra, Plaza del Socorro y Corredera; en cada tramo del recorrido se dejó caer ese tono languideciente de las cofradías que se van, para volver a ellas con las retinas impregnadas de la Virgen del Amparo.
La elegancia hecha procesión, desde el cortejo a la banda, con un paso en el que hasta cualquier detalle es primoroso. La Virgen del Amparo ya no despide las procesiones del año, pero deja la certeza de que su procesión s una necesidad para los amantes del buen gusto.
























