De todos es sabido que la tendencia cofrade está de moda. Adolescencia, juventud y no tan jóvenes, se vuelcan en todo lo referente a las cofradías, procesiones, cultos, besamanos, y un largo etcétera concerniente a ello, digamos que hay un repunte claro que venimos observando en los últimos años en nuestra ciudad. Sin embargo, entre esa diferencia de edad, hay también una diferencia en cuanto el modo de vivirla. Mientras los adolescentes y jóvenes viven este mundillo de cofradías, de manera activa y en un alto porcentaje les atrae mucho el mundo de los pasos, ensayos, etc., los que ya peinamos canas, y dejamos atrás esa juventud divina, la vivimos o intentamos vivirla de manera más espiritual, más sosegada e intentando buscar ese sentido último al cual todos estamos llamados, que no es otra cosa que reconocer a Cristo en el centro de nuestra vida.
Desgraciadamente, este centro o núcleo donde todos debemos confluir, no es refrendado en el día a día de la vida de iglesia y de comunidad. Es como si afirmasen más de uno y de dos que, “yo temas de Iglesia…es que yo soy creyente a mi manera, yo sé que existe Dios, pero…yo con la Iglesia como que no quiero saber nada”.
Eso sí, pero les encanta entrar en un edificio denominado parroquia, plantarse delante de su Titular y pedirle desde que le toque la lotería, le salga novio o novia, hasta que encuentre trabajo o que lo ponga bueno de salud. Y por todo ello hay que dar gracias, pues una persona que no le gusta la Iglesia nada más que para entrar a pedir, ya hay que rezar por él, es un logro en la actual sociedad en la que vivimos.
Y es que una inmensa mayoría cree, que Iglesia es el edificio, ese conjunto hermosísimo arquitectónico lleno de bóvedas o de columnas centenarias, donde la historia ha dejado su huella en esta ciudad. Pero permitidme que os diga que, están algo despistadillos, os lo aseguro. Iglesia somos todos. Repetid conmigo, Iglesia somos todos. Todos aquellos bautizados por la gracia de Dios cuando apenas teníamos meses de vida, pero también lo son, todos aquellos que no habiéndose aún bautizado, se acercan a Cristo por curiosidad, empatía, atracción,… Iglesia somos todos e Iglesia es la casa de todos. En este saco están metidos esos cofrades que como decíamos anteriormente, renegaban de la Iglesia. Ahora ve tú, y explícale a éstos, que son Iglesia, ¿cómo reaccionarían, se avergonzarían de ello, se asustarían, dirían que estamos locos?
Pero esta es la realidad, SOIS IGLESIA, SOMOS IGLESIA. Y como tal, ni te avergüences, ni te asustes, ni reniegues de ello, tan sólo acéptalo y cambia ese concepto que tenías.
Pero esta iglesia sin paredes, sin columnas ni bóvedas, está deseando de recibirte, acogerte, abrirte las puertas para que llegues de verdad a ese por el cual pedías por tu salud o por encontrar pareja. Esta Iglesia, tiene nombre, apellidos y domicilio, es más, quizás sea tu vecino de al lado, gente que vive siendo cofrade, pero sabiendo que donde reside el núcleo de todo cofrade, no está en una imagen o en una casa de hermandad, está en un rincón de un edificio llamado parroquia, cuya luz de una vela roja, te indica que ahí, ahí debes morir, porque Él así lo hizo por ti. Y uno es cofrade, pero ante todo es Iglesia, y para ser Iglesia, debes compartir con ella ese amor a Cristo crucificado, porque el infinito amor que Él te da, estás a tiempo de recibirlo y correspondérselo, pero sobretodo, transmitirlo a los de tu alrededor.
Que eres cofrade, pero que antes, eres Iglesia, y eso te invita a que cuando estés de mala racha, Él te espera en ese rinconcito de la vela roja encendida para que te vacíes, te desahogues y le cuentes ese mal momento. Saldrás reconfortado, lleno de luz. Luego si quieres, ve a ver a la imagen de tu Titular, de tu Señor o de tu amantísima Madre, la Virgen María en su diferente advocación y le rezas, pero dirígete a donde tienes que ir primeramente.
Y recuerda una cosa cofrade, adorar sólo se puede adorar a Dios, adorar al niño que ha nacido ya, dice el villancico, porque ese niño es Dios. Pero a nadie más. Determinados conceptos un cofrade lo debe tener claro y meridiano. Hay que demostrar que nos gusta el mundo de las cofradías porque nos sentimos Iglesia, y que conocemos eso de “ser Iglesia”, de donde viene y hacia dónde nos lleva.
Aquel cofrade que no tenga claro todo lo explicado anteriormente, puede sentir lo que quiera, puede pedir lo que quiera a quien quiera, como si me lo pide a mí, pero de verdad, no sabe lo que se está perdiendo, no sabe el tiempo que lleva perdido y lo mejor, no sabe lo que lleva viviendo sin recibir ese amor que Él le tiene reservado a su persona.
¿Cuántos se consideran cofrades en Córdoba? ¿Cuántos de éstos se sienten Iglesia?
Yo soy cofrade, pero ¿me siento Iglesia?.
Si a esta pregunta no sabes responder, o te surge una mínima duda, acércate al “rinconcito de la vela roja encendida” de tu parroquia, ahí tendrás la respuesta.
<<¿Acaso no saben que ustedes son templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en ustedes?.>> 1 Corintios 3:16.
<<Así nosotros, siendo muchos, somos un solo cuerpo en Cristo, y todos miembros los unos de los otros.>> Romanos 12, 4-5.
Olé, esas palabras llenas de sentimiento!!!