‘Ser hermano: mucho más que una medalla’. Con esa frase -y todas las implicaciones que conlleva- comienza el mensaje de bienvenida a cada nuevo hermano que pasa a formar parte de la nómina de la Prohermandad de la Confianza.
Un recibimiento muy recomendable, pues en el mismo (dividido en siete puntos) se explica el significado, la responsabilidad y la importancia que conlleva pasar a formar parte de una cofradía.
De ese modo, el primero de los puntos está dedicado a lo que significa hacerse hermano: “la hermandad debe convertirse para cada uno en un lugar de encuentro con Dios, de crecimiento espiritual y de servicio a los demás”. Mientras que el segundo es continuación del primero, “la hermandad como camino hacia Dios”.
Pilares de la corporación

El culto, la formación y la caridad están muy presentes en los siguientes apartados, de manera que el tercero aborda el culto y la vida de oración: “la estación de penitencia tiene sentido cuando nace de una auténtica vida interior”.
El cuarto redunda en la caridad como esencia cristiana: “la hermandad debe enseñar que la fe se demuestra especialmente en la manera en que tratamos a las personas”. Y el quinto trata sobre la formación, ya que “una hermandad formada es una hermandad fuerte, unida y consciente de su misión dentro de la Iglesia y de la sociedad”.
La procesión y la prohermandad
La estación de penitencia y el sentido público de la fe es el sexto epígrafe, donde se incide en que “procesionar significa acompañar a Cristo, hacer un acto de fe y mostrar al mundo el mensaje del Evangelio. El hermano debe realizar la estación de penitencia con recogimiento, respeto y espíritu de oración, entendiendo que está participando en una manifestación pública de fe cristiana”.
La Prohermandad de la Confianza y el compromiso del hermano es el séptimo punto, en el que destaca que “el hermano de la Confianza está llamado a representarla con dignidad, viviendo con humildad, compromiso y espíritu de servicio”.
Conclusión
“Pertenecer a una hermandad, ser uno de sus hermanos es una vocación y una responsabilidad. Significa formar parte de una comunidad cristiana que busca acercarse a Dios mediante la oración, la caridad, la formación y el culto”, se expresa en la parte final de la bienvenida a los nuevos hermanos.
Y ello para abundar en que “la hermandad no debe quedarse únicamente en lo exterior o en la tradición heredada, sino convertirse en un auténtico camino de vida cristiana”.
Y es que, “cada miembro está llamado a ser reflejo de Cristo en su manera de vivir, de hablar y de tratar a los demás”.