Virgen del Carmen. Foto: EC
Hay rosarios, y rosarios. Y el que ha celebrado este domingo la Archicofradía del Carmen de San Cayetano no ha resultado uno más. Todo lo contrario, el piadoso ejercicio presidido por Nuestra Señora del Carmen Coronada ha dado la medida de la vitalidad y el buen hacer de la corporación letífica.
Y la ha dado en cada detalle, que ha elevado al buen gusto el discurrir por las calles de la ciudad de la reina del Carmelo. Y esto con un recorrido donde la historia se albergaba en cada calle, en cada fachada y, cómo no, en el lugar elegido para la peregrinación.
Ese ha sido el templo que fue oratorio de San Juan de la Cruz, la Iglesia de San Roque, donde no cabía un alfiler a la entrada de la Virgen del Carmen al recinto sagrado, donde ha habido celebración litúrgica y, ante todo, un fervor que supuraba de los corazones que se han entregado a ella.
Y, como decíamos, con un gusto exquisito por el detalle. Como el del nutrido cortejo que ha acompañado a la imagen mariana; la espiritualidad en el rezo; así como por los devotos que iban tras su manto y el coro que ha hecho de la música plegaria.
Hay rosarios, y rosarios. Y el presidido por Nuestra Señora del Carmen, el que la ha llevado desde San Cayetano a San Roque, ha llenado de fervor carmelita a Córdoba.














