Manuel Roldán
Llega un momento en el que, tras el trabajo, el tesón de muchos años recibes el aplauso del gran público. No ocurre siempre, pero la fórmula para llegar a esto solo tiene un secreto, lo dicho, trabajo. Y de eso sabe mucho el director de la Agrupación Musical Santísimo Cristo de Gracia de Córdoba, Manuel Roldán.
Tal vez sea el compositor de moda ¡Tú eres Victoria! lo ha catapultado al Olimpo y al aplauso del gran público. Pero tras ese reconocimiento hay una labor que se remonta a hace tres décadas, a un afán por adquirir conocimientos que no cesa y a perseguir la excelencia en cada proyecto que asume, a base de trabajo, como explica en la primera parte de la entrevista concedida a Efecto Cofrade.
Desde esos inicios hasta el momento actual de Cristo de Gracia, pasando por otras de las bandas con las que trabaja, la opinión de Roldán no es políticamente correcta, por eso es más necesaria que nunca en una sociedad a las que los parabienes no le hacen bien, y en un mundo -el de las bandas- en el que dgan lo que digan solo se llega al éxito por el camino del esfuerzo. No pierdan detalle, porque no van a quedar indiferentes.
– Para quien no te conozca, si hay alguien que aun no te conozca en Córdoba, cómo empiezas en esto de la música.
-Es muy curioso. Siempre soy un vaivén en todas las cosas (taekwondo, kick boxing, baloncesto). Me dijeron, apúntate a la banda, lo hice y empecé con la corneta. Eso fue en el 96 o por ahí, que empecé en Coronación (de Espinas). Estuve un año y, por motivos personales, me fui con un amigo -Rafael Cabanillas- a lo que era el Caído. Ahí ya me lié a estudiar y hasta el día de hoy, no he parado de hacerlo.
– ¿Qué estudios tienes?

-Tengo mi carrera -los 14 años- de trompeta. Luego tengo tres masters: interpretación, música de cine y cine. Muchísimos cursos de trompeta… he hecho cursos hasta de violín y percusión. Y sigo estudiando. Tengo el elemental de trompa, ahora me estoy sacando el elemental de trombón. Aparte del curso de dirección tengo muchos.
– También estuviste en Redención.
– Estuve en el grupo los Aslándticos, que montamos un montón de amigos. Y cuando nos cogió la productora del Queco fue cuando nos dijo, aquí nos dedicamos al grupo 100%.
Fue una época en la que no podía ensayar, porque estaba dedicado al grupo las 24 horas del día. Y Manolo Luque me llamó y me dijo vente, tocas los días que puedas y así lo hice. Iba cuando podía, porque estaba dedicado al mundo de la música más popular.
– ¿Cómo es vivir entre esos dos mundos?
– Al final eres músico. Por ejemplo, ahora estoy con Álvaro Vizcaíno, Julia Garrido y un montón de empresas, llevo bandas de música, con la Orquesta y en el Quinteto de la Catedral. Al final, el músico sabe dónde está en cada momento. Si hoy viernes estoy con un grupo y mañana estoy con la Orquesta de la Catedral, tengo que cambiar el chip y saber dónde estoy. Por eso he estudiado.
– ¿Es difícil cambiar el chip?

– Es complicado. Ha habido un viernes que he tocado flamenco, el sábado por la mañana he tocado con una banda, por la tarde música Jazz de los 70 y, al día siguiente, he estado tocando con la Orquesta de la Catedral. Es complicado, pero trabajándolo diariamente sale. Me he tirado días ensayando en mi casa cinco o seis horas, aparte de mi trabajo por las tardes.
– Recordabas antes tus comienzos. Desde finales de los 90 hasta ahora, cómo han cambiado las bandas.
– Lo bueno que tiene es que las bandas se han profesionalizado. Desde que empecé con La Salud -que por eso dejé Redención- siempre he querido profesionalizar. De hecho, La Salud fue la primera banda que metió tubas en cornetas y tambores. Me decían loco, los propios de la banda. Y unos platillos, también le metimos. Y luego ya empezó la gente a meterlas.
La evolución es a mejor, porque se está valorizando el tema de ser músico en una banda. Antiguamente, parecía que era malo. No digo nombres, pero muchos que han estudiado conmigo ahora son directores y, en aquella época, decían ‘yo no quiero bandas, eso es una…’. Ahora, gracias a Dios, en Cristo de Gracia tengo a más de veinte personas que estudian en el Conservatorio. También potenciamos que entren.
– ¿Han mejorado los músicos en ese aspecto? Las bandas de música siempre han tenido a músicos de conservatorio, pero cornetas y agrupaciones no. Recuerdo que a finales de los 90 se aprendía como se podía.
– De oído, de oído, y el que te enseñaba no tenía ni idea tampoco, era el que iba más avanzado. Ahora hay gente preparada, estudiada. A mi me dijeron, ponte allí en una esquina y aprende, e inconscientemente lo hice bien. Ahora, gracias a Dios, hay gente preparada que enseña, ya no puedes diferenciar entre una banda de música y una agrupación. Cualquier músico de agrupación va de refuerzo a muchas bandas de música.
– Y llegas a Cristo de Gracia.
– Esa época fue dura, porque llevaba a La Salud y Cristo de Gracia a la vez. Cristo de Gracia era un proyecto a largo plazo y lo tuve claro. Iba por colegios buscando gente (Trinitarios, Salesianos). Tenía niños en el Esparraguero, entonces, qué hacía, de seis a ocho y media el Esparraguero y de nueve a once La Salud, y llevaba las dos.
– ¿Cómo fueron aquellos comienzos con Cristo de Gracia?
– Bonitos. En aquellos momentos era duro, pero ahora son bonitos. Llegaba un sábado a las 10, me dejaban los padres a los niños y ensayábamos hasta las dos, después un perolete.
– De aquellos niños, ¿queda alguno?

– Quedan catorce, que ya tienen su familia. Es bonito. Ves crecer a la gente y ves que la banda te ha dado tanto que ya no es musical, es más personal.
– El otro día pusiste una foto tuya con el banderín y recordaste los veinte años de la agrupación ¿Qué destacarías de este tiempo?
– La humanidad. Llevo media vida con ellos. Al final, son las personas que conoces, gente que toca contigo y la que ya no toca te quiere igual, te ve por la calle y te saluda. Eso es lo más bonito. La música al final es secundario, lo bonito de todo esto es la vida, conocer a tanta gente. Eso es con lo que me quedo de estos veinte años.
El otro día en el pasito (la Santa Cruz del Cristo de Gracia), que había mucha gente porque era un día especial -veinte años allí- vi a muchas personas que han estado en la banda, gente importante -todo el mundo es importante-, gente que ha tenido su responsabilidad en la banda y es súper bonito que te sigan queriendo.
– De estos veinte años, qué momentos destacarías.
– El primer año que tocamos en el pasito, el pasito es lo que me vinculó a la Hermandad del Cristo de Gracia. No puedes elegir uno, pero me quedo con los de ver a gente casarse, ir a bautizos. Momentos musicales son todos, porque disfruto más de los ensayos que de las salidas. En los ensayos está la gente más tranquila, hay momentos mágicos musical y artísticamente, que eso luego es muy difícil que se vea reflejado en la calle porque cuando vas a una procesión hay una presión, en un concierto igual. El disfrute máximo -musical- es en un ensayo.
– Algún momento (en un concierto, en una procesión) en el que hayas pensado, qué bien lo estamos haciendo. De esos habrás tenido también.
– Sí, por ejemplo, en el año 2012 en Pasión, terminamos y se salieron los costaleros del paso y en la puerta de la iglesia nos aplaudieron. Son momentos bonitos. La salida del Prendimiento para mí es muy especial, porque tengo muchos recuerdos familiares, laborales, con compañeros. El cocherón del Cristo de Gracia por dentro, eso es mágico.
– Decías lo de La Salud y las tubas y ahí está lo que han conseguido ¿Qué os decían de Cristo de Gracia? ¿Apostaban por vosotros?
– El problema de esto siempre han sido las comparaciones y desde primera hora lo tuve claro. No me iba a fijar en una banda que estuviera un poquito por delante mía. Todas las bandas tienen su mérito, porque todo el mundo ensaya, pero voy buscando la excelencia. Siempre me he fijado en la banda que en ese momento era la top, técnicamente hablando, no musicalmente. Y, a día de hoy, me sigo fijando en eso. No voy buscando comparaciones.
En aquella época nos comparaban con embutidos. Nos decían que mucha gente eran jamón de pata negra y nosotros éramos el chóped. Nos decían los niños del saquito. En este mundo lo que falta es humildad y compañerismo, y el problema es que mientras la gente estaba dormida o llegaba tarde a los ensayos, o empezaban a las nueve y media y a las diez y media se iban, yo ya estaba dos horas y media ensayando al día, porque ensayaba casi todos los días y los sábados cuatro horas.
En cuatro años puse la banda detrás de los pasos y eso no es más que matemáticas. Hay gente que ensaya desde septiembre a Semana Santa y yo ensayaba de agosto a agosto, un año mío eran dos de ellos. Y si analizaba las horas de ensayo, ellos eran hora y cuarto y nosotros dos horas y media. Era multiplicar por cuatro lo que hacían ellos.
– ¿Eso lo sigues aplicando?
– Totalmente. Tengo una escuela ahora mismo que llego a las cinco de la tarde a la nave y hay gente ensayando. Hoy que es viernes tengo a los trombones nuevos desde las cinco y media hasta las siete y media. Y la banda está de lunes a jueves, por secciones, y a la gente que le hace falta ensaya. Y de agosto a agosto. La semana después de Semana Santa ya estoy ensayando con los que tienen que mejorar.
– Tenéis un contrato nuevo en Jerez, sustituyendo a Virgen de los Reyes ¿Qué supone eso para una banda?

– Por suerte la banda estaba bien y lo que necesitaba era exportar. Gracias al disco, a las marchas popularizadas en tik-tok, etc., ya está sonando fuera y, al final, el trabajo se ve recompensado. Presión ninguna. Vamos a tocarle al Señor como sabemos, la gente sabe cómo tocamos y esto es tocar la trompeta, no es más. No es el Real Madrid ni nada de eso (risas).
– Dentro del repertorio propio hay marchas tuyas de gran éxito y también de los más grandes autores del momento (Cebrero, Sánchez Crespillo…) ¿Cómo se consigue eso?
– Cuando encargas una marcha tienes que darle una serie de pautas al autor. Por ejemplo, cuando a mí me llaman para que componga para otra, me dicen voy buscando esto. Le explico técnicamente la funcionalidad de la banda y cómo trabajo técnicamente la armonía de la banda para que cuando escuches a Cristo de Gracia sepas que es Cristo de Gracia.
Luego está el tema de interpretación, pero la composición tiene mucho que ver. Y es hablar con cada compositor y decirle voy buscando esto con esta marcha. Muchas veces le echas para atrás las marchas y les dices cambia esto, modifica esto, hasta que damos con la tecla. Es complicado.
– ¿Se lo toman bien?
– Sí, porque saben que yo aviso antes de encargar. Son un miembro más de la banda.
– Has mencionado el estilo ¿Cuál es el estilo de Cristo de Gracia?
– Si hablamos técnicamente, hay unas fórmulas armónicas que, sin cambiar mucho la armonía, sin buscar nada extraño, es un tipo de orquestación diferente a las demás. Tenemos una voz de trompeta más que lo normal, para la conexión entre la armonía de bajos y la de trompeta. Y cuando escuchas a Cristo de Gracia sabes que es Cristo de Gracia, sea cuál sea la marcha. Sobre todo es carácter.
– Estamos hablando de Cristo de Gracia, pero también diriges a otras bandas. Para quienes no lo sepan ¿cuáles?
– Un montón. Por ejemplo, una de las bandas con las que tengo mucha ilusión es El Carpio. Con la agrupación de El Carpio llevo diez años luchando, creándole un estilo propio, en un pueblo que es pequeño y es una banda que ya se está reconociendo. Una banda que estaba en un estado no crítico, pero sí variante en el estilo y ya escuchas El Carpio y sabes que estás escuchando El Carpio.
Una cosa muy ilusionante es la Centuria Romana de Moriles, 125 años hacen ahora los romanos de Moriles. Ahí estoy haciendo un trabajo histórico, cogiendo los himnos antiguos que tocaban y los estoy adaptando a esta época. Una cosa muy bonita. En Benamejí, con la Escuela Municipal… en muchos sitios.
– ¿Cómo es dirigir en los pueblos?
– Hago los mismos años en Benamejí que en Cristo de Gracia. Los pueblos tienen algo mágico, siempre he querido vivir en Pedro Abad o en Benamejí. Vivo en Pedro Abad y volveré a coger la banda, porque cuando rompes un vínculo la gente valora lo que tiene cuando no lo tiene. También es parte del aprendizaje. Entonces te das cuenta de que para formar una banda hay que tener unos valores musicales y unos valores humanos. No te lo puedes tomar como un proyecto musical en sí, es un proyecto humano que va reflejado en la música.
Ahora, por ejemplo, en Benamejí he hecho los veinte años y el Ayuntamiento ha organizado un ensayo conmemorándolo. Es un pueblo donde todas las semanas tienen algo cultural.
– La gente valora lo que tiene cuando lo pierde ¿pasa eso en todos los ámbitos de la música procesional?

– Sí, lo que pasa es que va evolucionando y llega el momento en que la hermandad no quiere contar contigo, porque quiere cambiar de estilo o porque le gusta otra banda, pues ya está. El amor a Cristo está. Por ejemplo, cuando nos dijo la Hermandad del Amor que no seguíamos detrás del Señor del Silencio, me lo tomé como que habían querido cambiar de estilo y ya está. Que unos lo ven con agrupación y otros con cornetas, para mí es una banda de Córdoba, a la que quiero mucho y he estado allí catorce años de mi vida. Son momentos y épocas, pero el Señor está ahí siempre. De hecho, mi familia tiene mucho amor al Cristo y donamos parte del dorado del paso.
– Vivimos en una época en la que se acusa a algunos medios de comunicación de que ponen y quitan bandas ¿Lo percibes así?
– Se habla poco de nosotros en Córdoba. Hay muchas redes sociales y se mueve. Pero parece que hablar de nosotros bien es hablar mal de otros. Dicen que hay campañas, pero creo el hermano o la hermana mayor que elige no es tonto.
Ahora, en este mundo necesitas ver a una banda en redes o en un programa de televisión para contratarla, yo como veo poco la tele, me pongo el Netflix. Pero no lo veo como una campaña en sí. Muchas veces digo si esto no funciona no es que la gente esté equivocada, a lo mejor el que está equivocado soy yo. Intento cambiar las cosas. Por eso, cuando pasa Semana Santa me junto -a título personal- con gente que me ha escuchado y les digo, criticadme a la banda. Llevo así veinte años, me gasto un dinero en invitarlos a comer (risas).
Y en Cristo de Gracia, por ejemplo, cada cierto tiempo viene mi profesor a decirme, que es lo que está bien y lo que está mal.
– ¿Es más difícil coger contratos para una agrupación musical que ara una banda de cornetas?
– Son las modas. Ahora mismo, las cornetas han bajado un poco de moda, digámoslo así. Pienso que va por el tema de composiciones. Hubo una época en que las bandas de cornetas sacaban marchas que estaban en el top –Eternidad y otras-, y ahora la agrupación ha sabido reinventarse y crear otro tipo de composiciones.
– Se avecina un momento dulce para las agrupaciones.
– Creo que sí. Ahí está el margen de hermandades que quieren cambiar y las que no.