Monseñor José Antonio Satué. Foto: Conferencia Episcopal
Con cierta frecuencia, el ideario colectivo asocia a determinadas personalidades cualidades casi eternas. Una solución de perpetuidad engañosa que se aplica a grandes personajes de la política, el deporte, la economía, el mundo del espectáculo y un largo etcétera de vanidades mal entendidas.
Y en las cofradías no se halla la excepción que confirma la regla. Todos podemos pronunciar los nombres de diversas figuras que llevan en su puesto toda la vida. Algo que, en principio, no debería suceder con los hermanos mayores, pero que sucede.
Así lo reconoce hasta algún obispo, como el de Málaga, monseñor José Antonio Satué, quien en una entrevista en Canal Málaga RTV alertaba de ese peligro.
“Que haya varias candidaturas me parece algo normal, incluso me parece que es una cosa buena. Me parece que es mejor que haya varias candidaturas, que una candidatura vaya repitiendo y se vaya eternizando”, reflexionaba el prelado.
Eso sí, monseñor Satué puntualizaba que, “ahora bien, a veces no cabe duda que parece al menos, que en algunos momentos los procesos han discurrido por cauces poco cristianos y más -por decirlo así- mundanos”.
Y ponía el dedo en la llaga al señalar que “somos personas y las personas somos maravillosas, pero a veces tenemos unas limitaciones cuando queremos mostrar nuestro ego o cuando queremos utilizar lo sagrado para nuestro interés más particular”.
Un aviso nada baladí el del obispo de Málaga sobre algo que todos sabemos, el peligro de perpetuarse en el cargo y, peor aun, el del ego.