
Jesús A. Riaño
De todos es sabido que la estación más marcada en nuestra ciudad, el verano, enfría de manera inevitable a nuestras hermandades. Es un frío acogedor, necesario y cuyo descanso apenas se disfruta una quincena, suficiente para coger fuerzas, carrerilla y ¡a por septiembre!
Este enfriamiento es idóneo para pensar, programar, idear, crear, imaginar líneas de acción de cara a la nueva temporada que comienza en apenas veinte días. Nuestra mente descansa, pero la de un cofrade perteneciente a una junta de gobierno, ni el frío del verano le enfría. No le da tiempo.
Apenas hemos dejado el Corpus, la verbena, la caseta, la cruz de mayo, o los cultos de algún titular, y ya está pensando en el periplo de septiembre. Y es que el verano enfría hasta cierto punto, y si no que le pregunten a cualquier prioste, mayordomo, hermano mayor, tesorero o secretario. Aunque de sobra es sabido, que hay algún que otro “kofrade” que vive en un continuo frío polar y que tan solo comienza a enrojecerse, cuando escucha aquello de que se ha acabado la última copla del carnaval y ese miércoles “es eso de la ceniza”. Entonces se acaba el frío. Ahora se calienta trescientos veinte grados kelvin, y ya su cuerpo se pone “modo on” cofrade.
Y es que los kofrades no son para el verano, como las bicicletas. Éstos son, pues eso, para la Cuaresma y unos diitas más, chimpúm, sanseacabó. Porque, para mayo, el verano, ya si eso…. Otro!!!
Y no digamos ver a sus titulares o asistir a la eucaristía en honor al titular de su parroquia en octubre o simplemente por encontrarse con el Señor y su Madre. Eso se hace más difícil aún que la cuesta del ocho de enero. ¡Y no saben lo que se pierden! No saben los momentos tan benévolos que son esos en los que llegas un ratito antes de misa, te sientas cerca del sagrario, y charlas de tus cosillas con Él, a solas. Probablemente llegue alguna feligresa que hará lo mismo, pero tú a lo tuyo. Le rezas y le das gracias. Si ya eres capaz de divisar al sacerdote dirigirse al confesionario, perder esa vergüenza y lavarte de Gracia tus manchas pecaminosas, y echar otro ratito con él, entonces ya, te aseguro con todas las letras, que entrarás en éxtasis de paz y vivirás la eucaristía a la que ibas, como nunca antes lo hayas hecho. Y es que, ya lo dijo nuestro memorable y recordado Rafa Serna en su magistral Pregón: “Qué bonito es ser cristiano”, pero cristiano de verdad.
Por ello, hermano, no dejes que el frío del verano, del otoño y de medio invierno, te congele como siempre te ha pasado. Es hora de escuchar y leer los comunicados informativos de tu hermandad, y participar de todos sus actos, en cualquier época del año. ¿Sabes por qué? Porque así lo quiere Dios, que es el que mueve esa monumental arquitectura de engranajes que es una hermandad. Te aseguro que el combustible capaz de mover ese motor, es el mismo que te está esperando en el sagrario para que charles con Él, el mismo.
Recuerda todo lo anterior, y sé capaz de sentir el frío sólo los quince días de verano como lo siente tu Hermano Mayor, tu secretario, tu mayordomo o tu prioste. Si ellos son felices con todo lo que hacen, ¿por qué tú no?.
«Por eso os dije que moriréis en vuestros pecados; porque si no creéis que yo soy, en vuestros pecados moriréis».
(Juan 8:24)