Procesión de la Divina Pastora. Foto: EC
En cofradías, en cada procesión el final es el principio. Es el momento en el que el reloj del fiscal de horas vuelve a ponerse a cero y la nueva cuenta trae consigo un camino que es la mejor parte del resultado, en el que lo que se vive es la ganancia que culminará, una vez más, en la esperada salida procesional.
Y a cero ha puesto el reloj la Archicofradía de la Vera Cruz con su titular letífica, la Divina Pastora de las Almas, tras celebrar este domingo una nueva procesión, tan brillante y con tanto gusto como la cofradía de San José y Espíritu Santo acostumbra.
Los jóvenes de la hermandad han tomado el pulso de un acto que siempre es un acontecimiento y que se gusta en cada detalle, empezando por la cuadrilla de costaleros y costaleras que dirige Rafael Salado, que ha trabajado con solvencia, cumpliendo de sobra con las expectativas.
Y quienes siempre superan cualquier previsión son los componentes de la Banda de Música La Estrella de Córdoba. Su concurso tras la Pastora volvió a poner de manifiesto lo que se vio una semana atrás en la extraordinaria de la Alegría, que se trata de una formación en continuo crecimiento, pese a que su nivel ya es de otra categoría.
En las calles del Campo de la Verdad volvió a apreciarse la calidad de la banda, la de la hermandad, así como esa máxima de que en cofradías, en cada procesión el final es el principio. Y antes de poner el contador a cero, los sones de Dulzura inundaron San José y Espíritu Santo, mientras la Divina Pastora era dispuesta con mimo por su cuadrilla en una última chicotá memorable que, una vez más, volvió a ser la primera de las que restan por venir.













