Virgen de la Alegría. Foto: Francisco Patilla
La Virgen de la Alegría completa una salida extraordinaria para el recuerdo
Entre los acordes de una marcha, la cera ardida de las velas y el rostro eterno de la madre, las cofradías se erigen en algo diferente, se agigantan y nos reconfortan a la par que el alma tiembla como la tenue llama que se esconde en una candelería.
El palio avanza despacio, con el paso exacto de los días, las semanas, los meses y los años que construyeron la devoción, tan auténtica como las miradas que la buscan, anónimas entre el gentío.
Cada marcha es una fiesta, un gozo que irrumpe en los corazones que crepitan -como el alma que tiembla como la tenue llama que se esconde en una candelería-. Y solo un conjunto de palabras definen con precisión el momento que se está viviendo y se conjugan en un nombre, el suyo: María Santísima Reina de Nuestra Alegría.
Su nombre se pronció este sábado y lo hizo su hermandad, sus devotos, la ciudad… ella reinó en Córdoba desde antes que su palio avanzara desde Santa Marina a las calles de la urbe que la esperaba. Lo hizo con cada acorde que entonó la Banda de Música La Estrella, plasmando el binomio perfecto con la cuadrilla de costaleros y demostrando que la formación que dirige Matías de la Fuente está a un nivel estratosférico.
La banda, como la Hermandad del Resucitado, demostró que las cosas bien hechas se cuecen a fuego lento, a base de años, de trabajo, de tesón y así una formación musical se convierte en referente y una cofradía, igual, como se muestra y se demuestra en un palio que es una joya que, como dice el manido dicho, se convierte en joyero para la Virgen. Pura y limpia, Alegría es su nombre y arte todo cuanto la rodea.
Y en ese impasse del tiempo que se plasma en la fotografía actual, la Virgen reinó en la ciudad. Y lo hizo por las calles que fueron suyas antes de que la Catedral fuera el epicentro de las semanas santas que se concatenan. Por Moriscos, San Agustín y San Andrés, la madre regresó a las calles que son suyas y que atestiguan la historia de la urbe.
Como en una polis griega, la Hermandad del Resucitado la recuperó en su extraordinaria y, en la confluencia entre San Pablo, Capitulares y Alfonso XIII se escribió una nueva página de la historia ante un público entregado.
Y allí la novedad llegó con los sones de otra banda que -por méritos propios y una calidad incuestionable- se ha convertido en un referente que va más allá de Córdoba. La Agrupación Musical Santísimo Cristo de Gracia regaló a la Alegría un repertorio escogido, una explosión para los sentidos y el recuerdo imborrable de un momento tan único como especial.
Luego llegaron el Colodro, las monjas, Mayor de Santa Marina y la candelería haciendo brillar de alegría su rostro, el de la Virgen, el de cada devoto que le reza. Llegó el final, que es solo el punto y seguido de una historia de amor inquebrantable. Y la ciudad fue testigo. Y en Córdoba… reinó la Alegría en una extraordinaria para la historia.








