Virgen del Rosario de San Agustín. Foto: Francisco Patilla
Con una modificación de última hora en el momento establecido para su salida procesional, la Virgen del Rosario volvió a su ya tradicional cita con el barrio de San Agustín, gracias a una procesión que dejó el sabor en el paladar del cofrade del trabajo bien hecho.
Para empezar, gracias a un recorrido que transita por algunos de los enclaves con más -y mejor- historia de la ciudad. Desde San Agustín, a Rejas de Don Gome, pasando por Juan Rufo.
Desde Alfaros a la Puerta del Rincón. Desde el Pasaje de la Estrella a la Plaza de Conde de Priego, para llegar a Santa Marina y seguir por Moriscos y Obispo López Criado, para regresar a San Agustín y dejar en evidencia que este tipo de procesiones son parte de la mejor Córdoba que hubo, la que aguanta su historia en las piedras de sus muros, sobre los cimientos mismos del templo donde se venera a la Virgen del Rosario desde que la memoria recuerda.
Y todo ello, como les decíamos, gracias al trabajo bien hecho de su asociación, de la Hermandad de las Angustias, del joven capataz y su cuadrilla de costaleros. Y ahí precisamente es donde cabe felicitar a Alberto Barbudo por un gran trabajo, que se aleja de los focos y que ofrece una calidad como la que se apreció y disfrutó este sábado.
Como también se gozó de la Banda de El Saucejo. Si con San Francisco La Estrella brillaba, con el Rosario de San Agustín hacía lo propio la formación sevillana. Y todo para que la Virgen brillase y reinara, una vez más, en San Agustín.







