Si os digo “Abramos el corazón”, “Les anuncio una gran alegría”, “Bienvenidos todos. Vayan y anuncien” o “Alzad la mirada”, ¿os suena? ¿sabríais decir el nexo de unión entre estos enunciados?. Sé que os suena eso de Alzad la mirada. Efectivamente fue el lema de la última visita apostólica de su Santidad a nuestro país, el pasado junio. Y sí, los otros tres enunciados coinciden con próximas visitas del Papa a Perú, Uruguay y Argentina el próximo noviembre.
“Para que el mundo tenga vida”, es el lema elegido para la visita que el sumo pontífice está realizando estos días en Francia. Dichos lemas pretenden llamar la atención, atraer la curiosidad de un público que necesita de mensajes ilusionantes para su día a día, en una sociedad donde palabras como corazón, vida, mirada, suena a sentimientos algo huecos o temporales y pasajeros. Sin embargo, ver la avenida de los Campos Elíseos abarrotados de gente, ondeando banderas tricolores de su país y la bicolor del Estado Vaticano, emocionados, gritando con alegría al paso del sucesor de Pedro, nos debe de llenar de ilusión, emoción, pero sobretodo, de una esperanza futura maravillosa.
Dichos lemas pretenden conmover a ese ciudadano que deambula sin rumbo fijo y remover con claridad la conciencia global del mundo católico. La visita a nuestro país, con el lema “Alzad la mirada”, nos invitó a levantar esa cara, esa cabeza, demasiada cabizbaja en los tiempos que corren, y romper con ese complejo de denominarnos públicamente: soy católico. Fue un brindis al Señor, para de una vez por todas mirarlo a Él, sentirlo y vivir de su amor a través de las sabias y celestiales palabras de León XIV.
Podemos intuir que el de Francia, es un consejo, un anuncio al mundo, donde todo se llene de una espera que rebose vida allá donde se esté apagando. Y todo con la luz de Cristo y su Palabra. ¡Qué maravilla de anuncio, y cuánta profundidad en él!.
Pero dejando ahí al ladito este lema de la visita en Francia, y removiendo las conciencias que más cerca nos tocan, os enuncio un lema que surgió la semana pasada, tras un curso completo de casi nueve meses de preparación y sínodo, entre católicos como tú y como yo, gente de parroquia y cofrade, que marcará la vida pastoral de Córdoba y su provincia, desde ya y hasta el año 2030:
“Se acercó y se puso a caminar con ellos.”
Lc 24, 15.
Esta referencia al encuentro de Jesús con dos de sus discípulos camino de Emaús, ha sido el lema elegido por nuestro Obispo y toda la organización que han conformado las reuniones sinodales y de discernimiento, en las que el que suscribe ha tenido el privilegio de participar en uno de los más de trescientos grupos inscritos. Un recorrido pastoral dividido en cuatro itinerarios, uno por año, en el que la Iglesia saldrá a evangelizar al que más cerca de nosotros lo necesita, al que está cerca pero no se atreve a participar o al que renegó en su día y nunca es tarde para su regreso, con recursos definidos y ayuda permanente en dicha evangelización.
Y en éstas, cofrades, también estamos todos. Como parte activa de la Iglesia en Córdoba, debemos ser conocedores de dichos itinerarios, informarlos, reflexionarlos y participar en ellos con responsabilidad, pero con la esperanza de que nuestro propósito no es otro que el de acercar al que lo necesita a Cristo a través de nuestras hermandades. Podemos empezar por nuestras corporaciones, donde todos sabemos que muchos hermanos necesitan de la luz de Cristo para incluso su propia subsistencia. Nuestro sino se debe basar en la ayuda al más cercano, a ese que lleva varias cuotas sin pagar, interesarse de su por qué, pero también de aquellos que llevan a orgullo su medalla pero les cuesta acercarse a Cristo por diferentes motivos.
En este trabajo sinodal, donde he podido participar, las hermandades han estado muy presentes, en cada uno de sus itinerarios tratados por la importancia que tienen y lo que representan para la Iglesia de Córdoba.
Todo este trabajo, comienza ahora, y cada hermandad, como cada parroquia, debe hacer partícipes a sus hermanos para que en estos cuatro años, los itinerarios den los frutos esperados. Es tan ilusionante este plan pastoral, que desde estas líneas me gustaría felicitar al que ha liderado e impulsado el mismo. No es otro que nuestro Obispo Don Jesús, que tras observar la vida de la diócesis en sus primeros meses de mandato, tuvo claro este ejercicio evangelizador tan esperanzador y proyectable, con la certeza de saber que hay poso para poder ejecutar dicha misión, algo de lo que debemos sentirnos orgullosos todos.
Yo sólo puedo dar gracias al Señor, haberme hecho partícipe junto a Carmen, Mamen, Inma, Héctor, Nico, Jesús y Manolo, de las enriquecedoras reuniones que hemos tenido y de las que tanto hemos aprendido. El compromiso adquirido, estoy seguro, se plasmará con nuestro granito de arena en los próximos cuatro años. En el nombre de todos, os invitamos y animamos como parte de la Iglesia que somos, a que aportéis el vuestro y juntos construyamos la Iglesia justa y solidaria que todos deseamos. ¡Ánimo para todos!, el camino ya ha comenzado, y al igual que los dos de Emaús, nos encontraremos con el Señor… ¡no lo dudéis!.