María Santísima Nazarena. Foto: José A. Soler
Tenía que celebrarse este sábado, pero la hermandad anunció que “por motivos ajenos a nuestra cofradía, nos vemos obligados a trasladar el rezo del Santo Rosario con la Sagrada Imagen de María Santísima Nazarena, al próximo viernes 18 de septiembre a las 21:00 horas”.
Y así se ha hecho en la tarde-noche de este viernes, cuando la Nazarena ha recorrido algunos de los enclaves más hermosos de la ciudad, pero menos bellos que ella, una de las imágenes icónicas de la Semana Santa andaluza, que ha presidido su rosario llenando cada espacio, cada alma que ha contemplado su mirada al cielo, al mismo que todos tendemos y que en su rostro conjuga nuestros anhelos, soledades, rogativas y acciones gracias a un solo tiempo, el que marca la mirada de la Virgen.
Soledades que se vivieron en su ausencia, pero que se rompieron hace tan solo unos días, cuando la imagen regresó a su capilla tras ser restaurada y, poco después, ha vuelto a la ciudad para impregnarla con la esencia misma de la Córdoba que le reza.
Y lo ha hecho en un piadoso acto, que ha comenzado en el corazón mismo del oratorio (la capilla de la Iglesia-Hospital de Jesús Nazareno), donde la atmósfera de la fe es densa, intensa, distinta. Ello para recorrer la Plaza del Padre Cristóbal, Jesús Nazareno, Yerbabuena, Buen Suceso, Arroyo de San Andrés, Enrique Redel, Rejas de Don Gome, San Agustín, Jesús Nazareno y la Plaza del Padre Cristobal.
Un itinerario urbano -histórico y espiritual- que al paso de la Nazarena se ha agigantado, porque la Nazarena así lo ha obrado, porque ni los cambios de fecha le afectan, las restauraciones la rejuvenecen, el tiempo de espera revitaliza la alegría de sus devotos al reencontrarse con ella, porque la Nazarena puede con todo.








