El cofrade iba caminando hacia un punto determinado de la ciudad. Y lo hacía a la caza de una de esas procesiones de sábado por la tarde que apetecen poco, pero que sirven para matar el tiempo.
Mientras andaba, su mente estaba abstraída pensando en cómo sonaría la banda y si el capataz (que ese era el motivo real de su interés en la salida) estaba bien, o la cuadrilla haría una de esas levantás que quedan para los anales de las redes sociales
Recordó, inoportunamente, que la procesión en cuestión era más joven que un estudiante de Primero de la ESO; que tenía menos antigüedad que esos que se hacen socios del club de fútbol cuando asciende. Pero desvió sus pensamientos hacia la estampa de los costaleros de ahora, con sus pantalones chinos y sus camisas de marca y las chaquetas, cuando acuden al vía crucis o al rosario, dos tallas más pequeñas para que se note el estilo sevillano.
La media sonrisa se cortó en seco cuando una pareja lo inquirió. Estaba en plena Judería y, pese a que había estado esquivando turistas cuales obstáculos de una de esas pruebas-gymkana del Grand Prix, ni se sentía un Ramón García cordobés, ni se había apercibido de que un vehículo autorizado casi lo atropella. Las cofradías te evaden de la cruel realidad.
– Scusi ¿Dove si trova il museo delle confraternite? Preguntó la chica.
¿Confraternite?, pensó, creyendo que se refería a una fraternidad o a un grupo parroquial. Y cuando iba a explicarle que lo que salía hoy era el cuarto o quinto titular (recién metido en el título de la cofradía), el chico le mostró el móvil con el traductor en la pantalla.
La pareja italiana le cuestionaba por el lugar donde se hallaba el Museo de las Cofradías y se quedó pensando, mientras se excusaba con los oriundos del Lazio por no caer en ese momento.
¿En Fray Albino?, no. ¿En Amador de los Ríos?, tampoco. ¿En Regina?, qué va. ¿En Santa Clara?, ah sí, pero están de obras.
Con su traductor y tras un largo rato, les explicó que la larga historia del museo de las cofradías de Córdoba, mientras los italianos disimulaban interés por el asunto. Tras ello, nuestro cofrade -al oír de lejos los tambores- les comentó que había una procesión y qué mejor museo que ese que se escenifica cual altar efímero en las calles.
Finalmente, los tres marcharon a ver a la cofradía, mientras la pregunta quedó en el aire: ¿Dove si trova il museo delle confraternite?